A petición popular, he decidido apuntar mi
receta para preparar esta excelente, saludable y sabrosísima sopa de invierno.
Ingredientes para hacer unos cuatro litros
(Cantidades muy aproximadas, nunca utilizo
báscula)
Caldo 1:
1 kg pechuga de pavo
½ kg garbanzos
Peladuras de verduras (y dientes de ajo
tan pequeños que da pereza pelarlos)
1 docena de granos de pimienta negra
2-3 hojas de laurel
1 taza de vino blanco
Agua para cubrir todo
Caldo 2:
1 gallina
1 carcasa (o los huesos y pellejo que han
sobrado de un asado).
Peladuras de verduras (y dientes de ajo
tan pequeños que da pereza pelarlos)
1 taza de vino blanco
Agua para cubrir todo
1 docena de granos de pimienta negra
2-3 hojas de laurel
Sopa
2 litros de caldo
½ cebolla, picada.
4-5 dientes de ajo, picados.
½ kg champiñones, picados
½ kg setas, picadas.
Maicena, a ojo de buen cubero (o pan duro)
Ajedrea
Pimentón picante
Aceite de oliva.
Nata
Perejil
Método:
No hay sopa que valga sin un buen caldo
como base, y por lo que más queráis, nunca utilicéis cubitos ni caldos preparados
del súper. Como último recurso, es mejor utilizar agua, que por lo menos
sabemos qué diantres contiene. El caldo, para mí, suele ser un trabajo en
curso, aprovechando las peladuras, huesos, pellejos, etcétera, que estén a la mano.
Caldo 1: En este caso, no preparé el caldo
de esta manera a propósito, sino que había guardado el agua en que había cocido
los garbanzos (para usar en las ensaladas) y luego la utilicé para cocer el
pavo (para usar después en bocadillos), con vino añadido, junto con la pimienta, hojas de
laurel y peladuras (que voy guardando de forma constante).
Decidí aprovechar el caldo resultante para hacer esta sopa -- tras colarlo, claro – porque los sabores de aves y hongos son bastante compatibles.
Decidí aprovechar el caldo resultante para hacer esta sopa -- tras colarlo, claro – porque los sabores de aves y hongos son bastante compatibles.
En este caso, la pechuga es tan magra que
no es necesario dejar que se enfríe el caldo para después guardarlo en la
nevera de la noche a la mañana, y luego quitar la capa de grasa.
Para cocer, prefiero usar una olla de
presión: 25 minutos para los garbanzos, 15 para la carne.
Caldo 2: Cocer la
gallina y carcasa en vino con agua, añadiendo los demás ingredientes – durante
15 minutos a presión. Tras colar todo, se puede aprovechar la carne,
posteriormente deshebrada, en las ensaladas. Puede que sea necesario quitar la
capa de grasa del caldo. Un buen caldo de éstos resultará gelatinosa tras una
noche en la nevera.
Sopa: Picar la
cebolla y el ajo. Calentar el aceite en el fondo de una olla, añadir un pedacito
de cebolla y esperar a que crepite. Luego añadir toda la cebolla y el ajo, y
agitar con cuchara de palo para que no se queme. Cuando tengamos un buen
sofrito, añadir hierbas y especias a gusto. Se puede dorar la cebolla, pero no
hasta el punto de caramelizarla.
En este caso he utilizado ajedrea casera,
porque mola y me la han regalado, pero se puede perfectamente sustituir con
estragón. He añadido el pimentón para aprovechar una especia sabrosa y
abundante en este país.
Ya se puede añadir los champiñones y
setas, y agitar hasta que estén blandos y suelten su jugo.
En este momento, se puede espesar la
mezcla con un poco de maicena. La sopa se puede espesar también remojando pan
duro (¡NO lo deseches! ¡Aprovecha! ¡Piensa en el hambre que campa a sus anchas
en el mundo!) y picándolo en un poco de caldo antes de echar a la olla.
Sólo falta añadir el caldo, calentar todo hasta
que rompa el hervor, luego bajar la lumbre y dejar, agitando a cada rato, hasta
que coja buen sabor y consistencia. La
sopa se puede preparar en una olla de presión, pero se corre el riesgo de que
se pegue y se queme, en la parte de abajo.
Servir con un espiral de nata, y con
perejil picado como guarnición.
Nótese: Yo no cocino con sal desde que
padecía un amago de hipertensión hace unos años. Es más, sospecho que el caldo de por si tiene sal por haberse preparado con carne, por no hablar de la
cantidad de sal que consumimos, queramos o no, en las conservas que no se
pueden del todo eliminar de la dieta. Ahora bien, si los comensales así desean,
la pueden añadir en la mesa.
¡Buen provecho!